Mi primer contacto con Val Cantón fue pura casualidad: buscando en internet un restaurador para una imagen de yeso policromado que mostraba las heridas y roturas de setenta años de convivencia familiar cercana y continua. En la propuesta de actuación ya se notaba que no estábamos ante cualquiera: un análisis exhaustivo del estado de la pieza con propuestas detalladas de cada paso a realizar, pasos que en la mayoría de los casos ni se me habrían ocurrido y que parecían más propios de un documental de arte. El resultado fue espectacular: en un plazo claramente más breve que el propuesto, la obra recuperó el esplendor que debió tener en sus orígenes (y así sigue).
Ahora, unos pocos años después, me ha surgido la restauración de un óleo del siglo XIX en el que se acumulaban la suciedad de un siglo, roturas, craquelados (ya sé lo que son), repintes y vaya usted a saber qué más, con un marco de la época en condiciones similares. El resultado era una obra oscura y mate. Por supuesto no dudé en acudir otra vez a la mejor, y otra vez el resultado brilla por sí sólo, aunque no es sólo que la pintura y el marco hayan recuperado toda su luz, que lo han hecho; es también toda la exquisita información gráfica y documental que he ido recibiendo durante todo el proceso (otra vez sensiblemente más corto que lo propuesto; debe ser una marca de la casa).
En resumen: ¡Gracias Val!, seguiremos en contacto mientras me queden huecos libres y obras heridas.